¡Voy a comer que YA es la hora!

Nos educan siguiendo un ORDEN, unas NORMAS, un PROTOCOLO. Desde el principio, nos marcan qué está bien o mal, cómo se deben hacer las cosas, qué actitud hay que tener en una situación concreta, cómo hay que vestir o cómo se debe comer, porque en teoría en la educación de un/a niño/a debe haber DISCIPLINA, una RUTINA muy marcada y una FIRME enseñanza.

Así pues, vamos creciendo y afianzando hábitos como estar receptivos/as al aprendizaje de 9:00h-14:00h; realizar actividades físicas, estudiar idiomas o aprender a tocar instrumentos musicales 2 días en semana; ir al cine en invierno; quedarte en casa cuando llueve; salir a tomar café un domingo por la tarde; y otros muchos hábitos que tenemos fijados por pura REPETICIÓN.

De la misma forma puedes observar este patrón en tu alimentación. Según tu educación lo correcto sería:

  • Realizar 5 comidas al día.
  • Desayunar a las 8:00h, almorzar a las 14:00h o cenar a las 21:00h.
  • Tomar pan en el almuerzo o leche en el desayuno siempre.
  • Ir por calle comiendo Doritos y jamás una pieza de fruta.
  • Cada alimento tiene su hora (ej: tomar legumbres sólo en el almuerzo o jamás verduras en el desayuno).

Y al final, creces y puede que te sientas mal si ves que no estás asumiendo esta RIGIDEZ en tu vida pues, se supone que es “lo que está bien“, pero tengo buenas noticias:

Todo esto sólo son CHORRADAS PAUTADAS, la realidad es que no atenta contra tu vida no seguir ninguna de ellas, de hecho es lo mejor que has podido hacer.

Mil veces habrás dicho: “Voy a comer que YA es la hora“; puede que unos días tubieses hambre una hora antes o una hora después, pero por “ceñirte a tu norma” en el primer caso, habrás picoteado (sin necesidad) porque te morías de hambre y en el segundo caso, no habrás respetado tus niveles de saciedad.

Lo mismo te ha podido pasar cuando has comido algo a media mañana o en la merienda sin apetito alguno, sólo por ser fiel a la regla de “5 comidas al día“; cuando has tomado leche en el desayuno aun detestando su sabor (mientras que hay otros alimentos que te aportan los mismos nutrientes principales por los que se consume); cuando no has tomado un plátano por la calle porque está mal visto, pero si snacks que no te aportan nada bueno; o cuando no te has dado la oportunidad de desayunar una tostada con hummus porque “los garbanzos no se toman en el desayuno“.

Por tanto, si has recibido este tipo de educación y crees que un poco de FLEXIBILIDAD razonada en los hábitos no hace mal a nadie, ahora tienes la oportunidad de romper con esa RIGIDEZ interiorizando y expresando que cada persona tiene un horario laboral, unos gustos, una religión o un estilo de vida que determinan la puesta en práctica de distintos hábitos y que, aunque nos sirvamos de unos parámetros saludables comunes, simplemente se pueden adecuar a cada caso y de esta manera, siempre serán correctos.

 

 

 

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¿Y si me dejas hacer las cosas bien?

Después de mucho tiempo sumergid@ en una rutina por inercia, un día sin más se te activan las alarmas y empiezas a hacerte preguntas como “¿estoy comiendo de la mejor forma que podría?“; “¿tomo bebidas que podría eliminar de mi consumo frecuente?“; “¿tengo interés en organizarme para hacer deporte o algún tipo de ejercicio físico?“; o “¿me siento bien conmigo mism@?”

Esta reflexión no se da por azar, una parte de ti te está pidiendo a voces que necesitas un cambio en tu estilo de vida pero, ¿es tan fácil cambiar hábitos que están fuertemente arraigados en tu día a día?

Cuando tienes claro que quieres y necesitas dicho cambio, te decides a visitar a un@ Dietista-Nutricionista; vas al gimnasio, practicas algún deporte o simplemente vas a caminar; y en caso de necesitar resolver algún conflicto emocional, acudes a un@ psicólog@.  Entonces, comienzas a realizar pequeños cambios orientados por l@s profesionales mencionad@s y vas notando una evolución positiva en ti.

Sin embargo, los hábitos nunca son fáciles de modificar y mantener a largo plazo, y muchas veces tu entorno más cercado intentará sabotear tu nuevo estilo de vida; ese que sólo puede mejorar tu estado físico y emocional; ese que sólo puede enseñarte a disfrutar con alimentos y actividades que hasta hace unos días eran impensables para ti; ese que hace que seas un reflejo positivo para tu entorno; ese que te ayudará a ser tu mejor versión.

Una vez me dijo una paciente en consulta: “el mundo está mal hecho, cuando quieres hacer algo bien siempre tienes a alguien al lado que te incita a hacerlo mal” y de hecho es la cruda realidad, así que si formas parte de ese entorno saboteador me gustaría comentarte algunos aspectos con los que se lo pondrás más fácil a esa persona cercana ti que quiere hacer cambios en su vida:

  • Si vais a una cena y él/ella no quiere darse un banquete, RESPÉTALO.
  • Si vais a tomar café y no se pide un pastel, RESPÉTALO.
  • Si salís a tomar algo o de fiesta y no quiere beber alcohol, RESPÉTALO.
  • Si se levanta a las 7 de la mañana para hacer ejercicio, porque no puede practicarlo a otra hora, RESPÉTALO.

RESPETA  a esa persona que quiere mejorar su estilo de vida y si te molesta tanto  lo hace, piensa que quizás seas tú quien necesita cambiar y NO sabotear a esa persona para que haga lo mismo que tú.

Y a ti, que sufres porque te está costando y tu entorno no te facilita que estes trabajando en una mejor versión de ti mism@, quiero decirte:

  • No te rindas, siempre habrá personas que por no entender lo que haces intenten boicotear tu esfuerzo consciente o inconscientemente.
  • Sigue trabajando hasta que disfrutes de tu nueva vida.
  • No intentes defenderte, no servirá de nada, simplemente continua en el camino que has elegido seguir orientado por profesionales en los que puedes confiar, porque sólo ell@s saben cómo ayudarte.

 

Así que si te sientes frustrad@ porque las situación en la que te encuentras es difícil y no te sientes arropad@ por tu entorno, te invito a que les transmitas a esas personas que están suponiendo obstáculos constantes en tu evolución la siguiente frase: “¿Y si me dejas a hacer las cosas bien?”