¡Ahoraaaa…vienen las TORRIJAS!

Estamos en Cuaresma y a 5 días de celebrar Semana Santa, ese periodo de sentimiento, pasión y devoción que desata tu “yo reflexivo” y tu “lado más humano” (¿Se ha notado que me gusta la Semana Santa no? jajajaja, pues así  lo vivo cada año). Muchas familias ya tienen preparado el pan para las TORRIJAS y otros ingredientes para la elaboración de los dulces típicos.

Cada año cuando nos vamos acercando a Semana Santa siempre escucho a alguien decir: “¡Ahoraaaa…vienen las TORRIJAS! con una felicidad que expresa abiertamente mientras sonríe de oreja a oreja y se relame pensando en la el pan mojado en vino y leche, frito y cubierto de miel. La verdad es que al terminar de escribir la frase, se me ha hecho la boca agua, jajajaja

Lo que más me gusta de las TORRIJAS es que me recuerda a mi infancia cuando nos juntábamos en la cocina de mi casa los Miércoles Santo para hacerlas. No era una cocina gigante, pero había suficiente espacio para todos/as: mi madre, mi abuela, mi tía, mis primos/as, mi hermana y yo. Cada uno tenía una función y al terminar las empaquetábamos y cada uno/a se llevaba su tupper su casa. Recuerdo que cuando iba acercándose la época, mis primos/as, mi hermana y yo, comentábamos anécdotas de este día y lo divertido que sería repetirlo otra vez. No puedo dejar de sonreír al recordar muchos momentos de los Miércoles Santo con mi familia, porque esos episodios son los que dan sentido a la vida y te regalan esa felicidad que no se puede comprar.

Lo que te acabo de contar no es más que otro ejemplo del binomio alimentación-emociones. La verdad es que las TORRIJAS no son mi postre preferido, pero sí que al asociarlas a emociones positivas me atraen más que cualquier otro alimento que no lo esté para mí.

Y aunque las TORRIJAS sea un postre que está muy bueno, que asociemos a emociones positivas,  o que sea el dulce más consumido y ofrecido en todas partes (bares, cafeterías, panaderías y casas de amigo/as y familiares) en Semana Santa, debemos tener en cuenta algunos aspectos:

  • 1 ración estándar sería 1 torrija si la es rebanada grande y 2-3 si es pequeña.
  • Su consumo es OCASIONAL por tanto, sería de 0-2 raciones máximo/semana.
  • Aquellas personas que les ENCANTAN las TORRIJAS, pero les ATERRORIZA GANAR PESO, o les preocupa su SALUD, hoy es su día de suerte 😉 pues pueden emplear otras técnicas en su elaboración como hacerlas a la plancha o al horno en vez de fritas y así, al menos, reduciríamos en grasas.
  • En caso de estar en un periodo de cambio de hábitos, EVITAR decir: “No, gracias, ESTOY A DIETA“, porque en ese momento la persona que te las ofrecía siente que TIENE QUE INSISTIR (quitándole importancia al consumo de TORRIJAS o cualquier otro dulce) hasta que CAIGAS EN SUS REDES y digas: “Bueeeeno veeeenga”. Entonces, verás como esta persona se relaja de nuevo.
  • Una respuesta MUY SENCILLA sería: “Gracias, pero no me sientan bien” y así evitarás un DIÁLOGO INTERMINABLE.

Estos serían algunos consejos para mejorar la gestión de comentarios y escenas muy concretas que se repiten año tras año. Ahora, sólo te queda DISFRUTAR de la Semana Santa en todos sus aspectos, pero SIEMPRE con moderación pues la liberad SIN LÍMITES, NO EXISTE.

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¿Realmente quieres comer eso?

Hace tiempo leí: “El hombre es el único ser vivo que bebe sin tener sed y come sin tener hambre“. Y así es, en la mayoría de los casos bebemos y comemos más por placer que por necesidad.

Y es que la sociedad en la que vivimos nos invita a un picoteo constante de bebidas y comidas. Nos encanta relacionarnos, charlar con unos/as y otros/as, compartir momentos de ocio con seres queridos y todo ello lo hacemos entorno a la mesa. Y ya conoces la calidad nutricional de estas reuniones…brillan por su ausencia.

Sin embargo, este tipo de elecciones no sólo se dan en grupos, también están presentes de forma individual:

  1. Desayuno: niños/as y adolescentes que toman “cereales del desayuno” con chocolate o miel o se toman un ColaCao con un bollo relleno de crema o chocolate o galletas.
  2. Media mañana: estudiantes de instituto que acuden a la cafetería del centro para tomarse una caña, palmera o bollo de chocolate; chuches; pizzas; y en el mejor de los casos bocadillos con embutido.
  3. Almuerzo: adolescentes que toman refrescos, niños/as que toman zumos y adultos que toman cerveza o vino durante la comida.
  4. Merienda: adultos que toman el café con un pastel.
  5. Cena: adolescentes que toman una pizza.

Estos son sólo algunos ejemplos de elecciones que se hacen de forma individual cada día.

Me gustaría tener en frente a estas personas para preguntarles una a una: “¿Realmente quieres comer eso?

Puede que no conozcan otras opciones, ya sea porque no lo han visto en sus casas, porque el sitio al que acudan sea muy limitado o porque van con un/a amigo/a y hagan lo mismo por inercia, pero qué pasaría si tuviesen otras posibilidades:

  • ¿Qué pasaría si en los institutos se vendiese más COMIDA y menos PRODUCTO?
  • ¿Qué pasaría a la hora del almuerzo o la cena si en la mesa sólo hubiese agua como bebida?
  • ¿Qué pasaría si en las casas no hubiese bollería y se desayunaran tostadas?
  • ¿Qué pasaría si esos/as chicos/as que cenan siempre pizza, aprendieran preparaciones sencillas con verduras y hortalizas?
  • ¿Qué pasaría si en todas las casas hubiese un frutero con variedad de frutas?

Pues, seguramente por inercia se llevarían hábitos mucho más saludables:

  • Si en los institutos se vendiese más COMIDA que PRODUCTO, los/as alumnos/as no tendrían más remedio que comprar más calidad nutricional.
  • Si a la hora de comer en las casas se pusiera sólo agua, todos/as la tomarían por costumbre.
  • Si en las casas no hubiese bollería, los niños y adolescentes con apetito en el desayuno tomarían el pan y lo tostarían.
  • Y si los chicos/as que suelen tomar pizza en la cena aprendieran preparaciones sencillas con verduras y hortalizas, probablemente les apetecería cambiar su dieta monótona por otra más variada y disfrutarían probando nuevos sabores.

Después de esta reflexión no hay vuelta atrás, si realmente te has sentido identificado/a la próxima vez que estés ante una situación similar no podrás evitar preguntarte a ti mismo/a o a alguien cercano a ti: “¿Realmente quieres comer eso?” o ¿Prefieres otras opciones? Y sólo si respondes o te responden: “¡Otras opciones, gracias!“, entonces sabrás que OTRAS OPCIONES SON POSIBLES y además TE PUEDEN GUSTAR.

 

 

El PESO sólo es un NÚMERO y nada más

Cuando no estás en tu PESO saludable, te obsesionas con alcanzar una cifra mayor o menor según el caso. Sí has leído bien, mayor o menor. Esta obsesión numérica no sólo afecta a las personas que están por encima de su peso, sino también a aquellas que están por debajo del mismo.

Vivimos en una sociedad donde alcanzar la delgadez es todo un reto, pues los medios de comunicación y nuestro entorno nos bombardea por una parte para que estemos delgados/as y por otra para que cometamos excesos.

Y después se escuchan comentarios como:

¡Mira el/la gordo/a ese/a, lo/la empujas por una cuesta y la baja rodando!

¡Vaya culo estás echando, como sigas así te vas a poner como el Kiko!

¡Eres un/a gordo/a comiendo!

Pero, ¿qué pasa con esas personas que por naturaleza están muy delgadas? ¿Crees que ellos/as no sufren la presión mediática? La realidad es que ellos/as también la sufren desde la otra perspectiva. Habitualmente escuchan frases como:

¡Que delgado/a estás! ¡Da cosa verte!

A ver si comes más, ¡estás raquítico/a!

Mira ese/a tiene que pasar 2 veces para que lo/la vean

No sé como te gusta ese/a, sólo tiene huesos

 

Y yo me pregunto: ¿Por qué la inmensa mayoría de los/las ciudadanos/as están obsesionados/as con su PESO o el de su vecino/a y la minoría con la salud? ¿Cómo es posible que crezcamos en un ambiente donde no se le de importancia a los hábitos saludables y sí a la ESTÉTICA?

Desafortunadamente, esta es la cruda realidad. Sin embargo, ¿Lo único que importa es el PESO que pueda tener una persona o hay otros factores más relevantes?

Pues, es cierto que cada persona en función de las proporciones corporales que tenga debe respetar un peso aproximado, pero no es lo único, también necesita mantener otros como:

  • Llevar una alimentación equilibrada
  • Realizar actividad física diaria
  • Mantener un equilibrio emocional estable

Y todos estos factores se engloban en una palabra: SALUD 😉

Por tanto, sólo si mantienes todos esos factores tendrás SALUD, te encontrarás bien contigo mismo/a y serás consciente de que “El PESO es sólo un NÚMERO y nada más“.