¿Hasta el moño de las COMIDAS NAVIDEÑAS?

Estamos muy muy cerca de la cena de NAVIDAD y las redes sociales están repletas de RECETAS NAVIDEÑAS expuestas mediante fotos, vídeos, enlaces, etc. y el que más y el que menos (expresión sevillana empleada para referirse al término: “casi todos/as“), ya está fatigado/a de cenas de empresa, con amigos/as, con los/las del club de tenis, con los del gym, … y el próximo domingo,  le toca con la familia.

Si vas por la calle, muy raro será, si no escuchas a alguien diciendo: “Hay que ver lo que se come en NAVIDAD, pero es que son fechas de eso“. Y yo me pregunto: ¿Y dónde está escrito que nos tengamos que poner hasta las cejas durante varios meses sólo porque sean fiestas?

Si vas al super, siempre habrá alguien que diga: “Compra algunos más que es mejor que sobre a que falte” y luego tenemos turrones, bombones y polvorones hasta marzo que si nos embobamos, se nos juntan con las torrijas de Semana Santa.

Si la familia viene a casa a cenar, parece que nuestro único objetivo es rellenarlos/as como pavos hasta que estén lo suficientemente hinchados/as como para saltarte un ojo con el botón de la camisa. Personalmente, tengo la teoría de que como cada vez nos queremos parecer más a los/as americanos/as, como no tenemos costumbre de tomar pavo en NAVIDAD, lo más parecido es convertir a nuestros familiares en pavos y de ahí el ansia por cebarlos.

Si te toca ir a casa de un familiar a cenar, sentirás que eres un frigorífico donde no paran de hacer hueco para seguir añadiendo alimentos. De hecho, siempre hay alguien que te insiste con frases como: “Come que no te he visto comer en toda la noche” o  “Anda come más que no has comido nada“, entre otras.

Y al final, llega noviembre y al pensar en las cenas de NAVIDAD, en vez de recordar momentos divertidos entre familiares, amigos/as o compañeros del trabajo, lo primero que se nos viene a la mente es: “¡Uf, y ahora, las cenas de NAVIDAD, qué pechá (término andaluz referente a “gran cantidad”) de comer!

Entonces, la cuestión no es cerrar los ojos y no disfrutar de la comida o no reunirse con las personas que nos apetezca ese año, ¡PARA NADA!, simplemente está en nuestras manos la posibilidad de recordar cenas donde disfrutemos de nuestros seres queridos como de la comida de una forma relajada sin estrés, ni agobios, ni presiones.

Por tanto, es esencial, ser consciente de la situación en la que te ves envuelto/a cada año y cómo puedes gestionarlo no sólo para que sea positivo ese año y lo recuerdes el siguiente, sino para que puedas vivirlo así siempre.

 

 

 

 

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