¿Es LO MISMO un producto de PRIMERAS MARCAS que de MARCA BLANCA?

Siempre que voy al super, suelo escuchar eso de: “Coge el de MARCA BLANCA que es LO MISMO y es más barato”, pero, “¿Es LO MISMO un producto de PRIMERAS MARCAS que de MARCA BLANCA?” Pues, como ya decía Alejandro Sanz en su canción: “No es lo mismo, eeeeees distintooooo”.

Entonces, yo me pregunto: ¿Todas las personas que piensan que es LO MISMO, creen que la misma empresa que vende una tableta de turrón a 6€, va a vender otra a 3€ como MARCA BLANCA utilizando productos de la misma calidad? ¿Verdaderamente, piensan que esa empresa u otras que trabajan de la misma forma, van a vender un producto perdiendo la mitad del beneficio?

Si eres de las personas que piensan que es LO MISMO comprar MARCA BLANCA que PRIMERAS MARCAS, siento decirte que desconoces totalmente la realidad de la dinámica empresarial.

De hecho, cuando una empresa decide poner a la venta un producto (en este caso, una tableta de turrón) debe tener en cuenta el precio de la materia prima y el resto de costes necesarios para su elaboración y a partir de ahí establecer un beneficio mínimo de venta. Por tanto, si la empresa utiliza alimentos de primera calidad como aceite de oliva virgen extra, frutos secos, cacao o azúcar moreno, entre otros, siempre tiene que costar más caro que si utiliza aceite de coco o palma, jarabe de glucosa, azúcar común (blanco) o aromas/saborizantes, entre otros, ya que son productos mucho más baratos y de peor calidad nutricional.

De manera que, si vemos una tableta de turrón (en este caso) de MARCA BLANCA que al girarla aparece el logo de una PRIMERA MARCA, se consciente que esa marca aparece porque sigue la misma receta cambiando la calidad de los ingredientes y por eso la empresa puede vender un mismo producto (aparentemente) a un precio mucho más bajo.

Y ahora que conoces las diferencias entre MARCA BLANCA y PRIMERAS MARCAS, dispones de toda la libertad para decidir la calidad del producto que llevar a la mesa.

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¿Hasta el moño de las COMIDAS NAVIDEÑAS?

Estamos muy muy cerca de la cena de NAVIDAD y las redes sociales están repletas de RECETAS NAVIDEÑAS expuestas mediante fotos, vídeos, enlaces, etc. y el que más y el que menos (expresión sevillana empleada para referirse al término: “casi todos/as“), ya está fatigado/a de cenas de empresa, con amigos/as, con los/las del club de tenis, con los del gym, … y el próximo domingo,  le toca con la familia.

Si vas por la calle, muy raro será, si no escuchas a alguien diciendo: “Hay que ver lo que se come en NAVIDAD, pero es que son fechas de eso“. Y yo me pregunto: ¿Y dónde está escrito que nos tengamos que poner hasta las cejas durante varios meses sólo porque sean fiestas?

Si vas al super, siempre habrá alguien que diga: “Compra algunos más que es mejor que sobre a que falte” y luego tenemos turrones, bombones y polvorones hasta marzo que si nos embobamos, se nos juntan con las torrijas de Semana Santa.

Si la familia viene a casa a cenar, parece que nuestro único objetivo es rellenarlos/as como pavos hasta que estén lo suficientemente hinchados/as como para saltarte un ojo con el botón de la camisa. Personalmente, tengo la teoría de que como cada vez nos queremos parecer más a los/as americanos/as, como no tenemos costumbre de tomar pavo en NAVIDAD, lo más parecido es convertir a nuestros familiares en pavos y de ahí el ansia por cebarlos.

Si te toca ir a casa de un familiar a cenar, sentirás que eres un frigorífico donde no paran de hacer hueco para seguir añadiendo alimentos. De hecho, siempre hay alguien que te insiste con frases como: “Come que no te he visto comer en toda la noche” o  “Anda come más que no has comido nada“, entre otras.

Y al final, llega noviembre y al pensar en las cenas de NAVIDAD, en vez de recordar momentos divertidos entre familiares, amigos/as o compañeros del trabajo, lo primero que se nos viene a la mente es: “¡Uf, y ahora, las cenas de NAVIDAD, qué pechá (término andaluz referente a “gran cantidad”) de comer!

Entonces, la cuestión no es cerrar los ojos y no disfrutar de la comida o no reunirse con las personas que nos apetezca ese año, ¡PARA NADA!, simplemente está en nuestras manos la posibilidad de recordar cenas donde disfrutemos de nuestros seres queridos como de la comida de una forma relajada sin estrés, ni agobios, ni presiones.

Por tanto, es esencial, ser consciente de la situación en la que te ves envuelto/a cada año y cómo puedes gestionarlo no sólo para que sea positivo ese año y lo recuerdes el siguiente, sino para que puedas vivirlo así siempre.

 

 

 

 

¿Quién hay detrás de SIN DIETA 123?

Llevamos un año y algunos meses más interactuando. Por mi parte, os he ido contando situaciones cotidianas relacionadas con la alimentación. Por la vuestra, unos/as puede que os hayáis visto reflejados/as en dichas situaciones, otros/as puede que no; a unos/as os habrán gustados los posts y a otros/as, no; y muchos/as habéis mostrado vuestra opinión al respecto y/o lo habéis compartido en vuestros perfiles de las distintas redes sociales.

Hoy no os voy a hablar de ninguna situación cotidiana relacionada con la alimentación. Hoy quiero contaros: “¿Quién hay detrás de SIN DIETA 123?

Como ya habréis podido comprobar, en la imagen del logo aparece by Gloria Caballero, así que ya conoces algo de mí  😉

El nacimiento de este blog comenzó hace algo más de un año, pero antes ocurrieron algunas cositas:

Estudié  el Grado en Nutrición Humana y Dietética en la Universidad de Valencia y nada más terminar me volví a mi pueblo natal, Arahal (Sevilla), donde ansiaba volver después de varios años fuera y regresos fugaces para reencontrarme con amigos/as y familiares.

En su día, tuve la oportunidad de estudiar lo que me gustaba y no dudé ni un instante en ir a por ello. Jamás me arrepentí y, de hecho, recomiendo a todas a aquellas personas que tengan la oportunidad de aventurarse en el camino que desean, vayan por esa dirección sin mirar atrás, porque como se suele decir: “Quien no arriesga, no gana“.

He de reconocer, que no fue “un camino de rosas“, pero tal y como me dijo un día mi madre: “Nadie dijo que fuera fácil“.Y la verdad, no lo fue. Sin embargo, jamás lo hubiese conseguido sin el apoyo de mi familia (mi gran pilar), mis amigos/as de toda la vida (mi cimientos) y mis amigos/as de Valencia (mis paredes) que pasaron a ser mi familia de acogida en una ciudad donde no conocía a nadie y donde todo era nuevo para mí. Y entre todos/as me ayudaron a construir la casita que soy ahora.

Hoy me siento muy afortunada, no sólo por haber alcanzado mis objetivos académicos, sino por haber tenido la posibilidad de disfrutar el hecho de vivir independiente, en una ciudad distinta a la mía con costumbres muy diferentes y, sobre todo, por tener la suerte de que esas personas se cruzaran en mi camino y lograran que sintiera Valencia como mi segundo hogar.

Así que, sólo puedo decir, con una sonrisa de oreja a oreja: Mereció la pena y lo haría 1000 veces.

Bien, y como decía antes, después de finalizar mis estudios para ejercer como Dietista-Nutricionista, me volví a casa y un mes después, y con muchas ganas de embarcarme en nuevos proyectos, comencé con el blog.

Los/las que me seguís desde el principio habréis podido comprobar que he ido cambiando el nombre y día de publicación varias veces. Y es que no hay evolución sin cambio 🙂

Primero fue “Bendita Dieta” y la imagen era una cara así  😉

Segundo, fue “Bendita Dieta 123″ y la imagen era un limón manteniendo la cara 😉

Tercero, y último (esperemos), es “SIN DIETA 123″ y la imagen, ya la conocéis.

Ahora, ya sabéis algo más de “¿Quién hay detrás de SIN DIETA 123?”, así que cuando leáis mis posts de los martes, espero que no veáis sólo un texto o una situación, sino también a una persona que escribe con mucha ilusión, simplemente, para  compartir con otras personas que nada en la vida tiene una sola dimensión, que se puede corregir cualquier hábito para que sea saludable y que pedir ayuda al profesional que sea necesario, siempre debe ser una opción.

¿Y si el MARKETING fuese de la mano de DIETISTAS-NUTRICIONISTAS?

Somos Bombardeados/as cada instante por ANUNCIOS en la tele, la radio, las revistas de moda, las etiquetas de los productos alimentarios, los carteles de la calle, etc donde se juega con nuestras emociones de una forma brutal, ofreciéndonos campañas publicitarias tanto para “ponernos las botas” sin remordimientos, porque según ellos/as, “nos lo merecemos” como para alcanzar la “silueta perfecta” a cualquier precio, pues al parecer es “la única forma de triunfar en esta sociedad“.

Si vas al SUPER puedes ver un despliegue de productos colocados de una forma muy atractiva. Cuando entras, puedes distinguir los múltiples pasillos que te llaman la atención por los productos dispuestos de forma clave como las vitrinas de bollería interminables en la zona de panadería; el infinito pasillo de las galletas en todas sus formas, sabores y texturas, expuestas en distintas alturas según su popularidad; las chuches, los chicles y las pilas en la caja; los yogures y otros postres lácteos en la zona de refrigeración con una luz tan blanca como si te fuese a abducir una nave espacial, entre otros detalles.

Si entras a cualquier OFICINA, HOSPITAL, INSTITUTO, UNIVERSIDAD, CENTRO COMERCIAL o simplemente, si vas por la CALLE puedes ver máquinas vending, esas máquinas tan bien iluminadas estén en el rincón que estén, que muestran bebidas y snacks ricos en grasas saturadas, azúcares refinados y sal, aunque también existen otras exclusivas de café o agua (en el mejor de los casos).

Esta situación  en la que se nos expone a comida basura y dietética al mismo tiempo es a lo que nos enfrentamos diariamente, pero ¿sería lo mismo si el marketing fuese dirigido por otros/as profesionales distintos/as a publicistas? “¿Y si el MARKETING fuese de la mano de DIETISTAS-NUTRICIONISTAS?

Desde luego, si las empresas de marketing tuviesen en sus equipos a DIETISTAS-NUTRICIONISTAS, sus campañas publicitarias tendrían como objetivo:

  • Potenciar el consumo de alimentos sin procesar (frutas, verduras y hortalizas, legumbres y frutos secos crudos y tubérculos como patatas o batatas) y levemente procesados (cereales integrales, legumbres cocidas/congeladas o verduras y hortalizas congeladas).
  • Se haría hincapié en la venta de alimentos de temporada (ej. en diciembre: alcachofa, apio, brócoli, calabacín, guisantes, caqui, chirimoya, kiwi, naranja, uva, etc).
  • Se fomentaría el consumo de carnes blancas.
  • Se hablaría de la importancia de alternar entre pescado blanco y azul.
  • Se desmontaría el mito del colesterol en los huevos.
  • Y se potenciaría la venta de lácteos naturales frente a los azucarados, edulcorados o reducidos en grasa.

 

Estos son sólo 6 objetivos que, seguramente, se tendrían en cuenta si el marketing fuese de la mano de DIETISTAS-NUTRICIONISTAS. Si te fijas, sería posible dar un vuelco a la publicidad y ofrecer una perspectiva totalmente opuesta de la alimentación a la que estás habituado/a a ver en cualquier parte.

En este momento, se desconoce si algún día será posible. Sin embargo, sí PUEDES ser consciente de ello y tenerlo presente cuando rellenas el carrito de la compra, cuando estás en la sala de espera de un hospital, en el descanso entre clase y clase, mientras lees una revista en la peluquería, cuando ves ese spot publicitario donde tu felicidad depende de comer o no un producto o cuando escuchas los anuncios (porque no pagas el premiun) entre canción y canción.

Los cambios suelen lograrse sin prisas, pero mientras lo consigues PUEDES modificar tu forma de ver todo lo que te rodea y sólo entonces, habrás dado un gran paso, porque en ese instante en el que te permitas pararte a pensar qué quieres, no te habrás dejado arrastrar por la corriente sin más y habrás tenido toda la libertad para elegir.