¡Voy a comer que YA es la hora!

Nos educan siguiendo un ORDEN, unas NORMAS, un PROTOCOLO. Desde el principio, nos marcan qué está bien o mal, cómo se deben hacer las cosas, qué actitud hay que tener en una situación concreta, cómo hay que vestir o cómo se debe comer, porque en teoría en la educación de un/a niño/a debe haber DISCIPLINA, una RUTINA muy marcada y una FIRME enseñanza.

Así pues, vamos creciendo y afianzando hábitos como estar receptivos/as al aprendizaje de 9:00h-14:00h; realizar actividades físicas, estudiar idiomas o aprender a tocar instrumentos musicales 2 días en semana; ir al cine en invierno; quedarte en casa cuando llueve; salir a tomar café un domingo por la tarde; y otros muchos hábitos que tenemos fijados por pura REPETICIÓN.

De la misma forma puedes observar este patrón en tu alimentación. Según tu educación lo correcto sería:

  • Realizar 5 comidas al día.
  • Desayunar a las 8:00h, almorzar a las 14:00h o cenar a las 21:00h.
  • Tomar pan en el almuerzo o leche en el desayuno siempre.
  • Ir por calle comiendo Doritos y jamás una pieza de fruta.
  • Cada alimento tiene su hora (ej: tomar legumbres sólo en el almuerzo o jamás verduras en el desayuno).

Y al final, creces y puede que te sientas mal si ves que no estás asumiendo esta RIGIDEZ en tu vida pues, se supone que es “lo que está bien“, pero tengo buenas noticias:

Todo esto sólo son CHORRADAS PAUTADAS, la realidad es que no atenta contra tu vida no seguir ninguna de ellas, de hecho es lo mejor que has podido hacer.

Mil veces habrás dicho: “Voy a comer que YA es la hora“; puede que unos días tubieses hambre una hora antes o una hora después, pero por “ceñirte a tu norma” en el primer caso, habrás picoteado (sin necesidad) porque te morías de hambre y en el segundo caso, no habrás respetado tus niveles de saciedad.

Lo mismo te ha podido pasar cuando has comido algo a media mañana o en la merienda sin apetito alguno, sólo por ser fiel a la regla de “5 comidas al día“; cuando has tomado leche en el desayuno aun detestando su sabor (mientras que hay otros alimentos que te aportan los mismos nutrientes principales por los que se consume); cuando no has tomado un plátano por la calle porque está mal visto, pero si snacks que no te aportan nada bueno; o cuando no te has dado la oportunidad de desayunar una tostada con hummus porque “los garbanzos no se toman en el desayuno“.

Por tanto, si has recibido este tipo de educación y crees que un poco de FLEXIBILIDAD razonada en los hábitos no hace mal a nadie, ahora tienes la oportunidad de romper con esa RIGIDEZ interiorizando y expresando que cada persona tiene un horario laboral, unos gustos, una religión o un estilo de vida que determinan la puesta en práctica de distintos hábitos y que, aunque nos sirvamos de unos parámetros saludables comunes, simplemente se pueden adecuar a cada caso y de esta manera, siempre serán correctos.

 

 

 

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¿Y si me dejas hacer las cosas bien?

Después de mucho tiempo sumergid@ en una rutina por inercia, un día sin más se te activan las alarmas y empiezas a hacerte preguntas como “¿estoy comiendo de la mejor forma que podría?“; “¿tomo bebidas que podría eliminar de mi consumo frecuente?“; “¿tengo interés en organizarme para hacer deporte o algún tipo de ejercicio físico?“; o “¿me siento bien conmigo mism@?”

Esta reflexión no se da por azar, una parte de ti te está pidiendo a voces que necesitas un cambio en tu estilo de vida pero, ¿es tan fácil cambiar hábitos que están fuertemente arraigados en tu día a día?

Cuando tienes claro que quieres y necesitas dicho cambio, te decides a visitar a un@ Dietista-Nutricionista; vas al gimnasio, practicas algún deporte o simplemente vas a caminar; y en caso de necesitar resolver algún conflicto emocional, acudes a un@ psicólog@.  Entonces, comienzas a realizar pequeños cambios orientados por l@s profesionales mencionad@s y vas notando una evolución positiva en ti.

Sin embargo, los hábitos nunca son fáciles de modificar y mantener a largo plazo, y muchas veces tu entorno más cercado intentará sabotear tu nuevo estilo de vida; ese que sólo puede mejorar tu estado físico y emocional; ese que sólo puede enseñarte a disfrutar con alimentos y actividades que hasta hace unos días eran impensables para ti; ese que hace que seas un reflejo positivo para tu entorno; ese que te ayudará a ser tu mejor versión.

Una vez me dijo una paciente en consulta: “el mundo está mal hecho, cuando quieres hacer algo bien siempre tienes a alguien al lado que te incita a hacerlo mal” y de hecho es la cruda realidad, así que si formas parte de ese entorno saboteador me gustaría comentarte algunos aspectos con los que se lo pondrás más fácil a esa persona cercana ti que quiere hacer cambios en su vida:

  • Si vais a una cena y él/ella no quiere darse un banquete, RESPÉTALO.
  • Si vais a tomar café y no se pide un pastel, RESPÉTALO.
  • Si salís a tomar algo o de fiesta y no quiere beber alcohol, RESPÉTALO.
  • Si se levanta a las 7 de la mañana para hacer ejercicio, porque no puede practicarlo a otra hora, RESPÉTALO.

RESPETA  a esa persona que quiere mejorar su estilo de vida y si te molesta tanto  lo hace, piensa que quizás seas tú quien necesita cambiar y NO sabotear a esa persona para que haga lo mismo que tú.

Y a ti, que sufres porque te está costando y tu entorno no te facilita que estes trabajando en una mejor versión de ti mism@, quiero decirte:

  • No te rindas, siempre habrá personas que por no entender lo que haces intenten boicotear tu esfuerzo consciente o inconscientemente.
  • Sigue trabajando hasta que disfrutes de tu nueva vida.
  • No intentes defenderte, no servirá de nada, simplemente continua en el camino que has elegido seguir orientado por profesionales en los que puedes confiar, porque sólo ell@s saben cómo ayudarte.

 

Así que si te sientes frustrad@ porque las situación en la que te encuentras es difícil y no te sientes arropad@ por tu entorno, te invito a que les transmitas a esas personas que están suponiendo obstáculos constantes en tu evolución la siguiente frase: “¿Y si me dejas a hacer las cosas bien?” 

 

¿Necesitas tomar tantas PROTEÍNAS como te venden?

Hace 50 años, cuando los mercados eran pequeños puestos donde se vendían ALIMENTOS y no PRODUCTOS ALIMENTARIOS, la gente compraba lo que realmente necesitaba como verduras, legumbres, carne, pescado, huevos, aceite, etc; simplemente compraban ALIMENTOS.

Sin embargo, ahora se compran NUTRIENTES. A día de hoy, vas al super y no ves leche y yogures, sino leche y yogur enriquecido en PROTEÍNAS. Te lo venden como algo fundamental en tu alimentación, porque según el marketing actual “Cuanto mayor sea la cantidad de PROTEÍNAS que tomes, mejor para tu salud” o “Cuanto más PROTEÍNAS, menos calorías”, pero en realidad, “¿Necesitas tomar tantas PROTEÍNAS como te venden?”

En primer lugar, los lácteos y derivados, tal cual, son fuente de PROTEÍNA, por lo que no necesitan estar enriquecidos ya que en cada ración aportan una cantidad aceptable que tomados junto con otros alimentos que también lo sean (legumbres, frutos secos, carne, pescado y huevos) se llega sin problemas a las necesidades diarias.

En segundo lugar, la población no tiene déficits de PROTEÍNAS, sino de fibra, vitaminas y minerales presentes en cereales, legumbres, frutos secos, frutas y verduras.

Y en tercer, lugar, cada nutriente tiene un tipo de absorción y en el caso de las PROTEÍNAS su absorción está autorregulada, es decir, las PROTEÍNAS que se toman se emplean para el mantenimiento del cuerpo y el exceso se elimina por heces, orina y piel. Por tanto, NO SIRVE DE NADA que tomes más cantidad de lo que tu cuerpo necesita, pues no ejercerá ninguna función en tu organismo. Además, guiado/a por el nivel proteico, puede que tomes tal cantidad de productos que al final no ejercerán dicha función nutricional y encima estarás tomando mucha más energía (generando un exceso calórico, debido al aporte de otros nutrientes también presentes en el producto, que pasará a formar parte de tu reserva energética) y probablemente de mala calidad.

Al final, todo es mucho más sencillo que contar calorías o nutrientes ingeridos al día; La alimentación va más allá; La alimentación es como un cuadro de Picasso, si echas un vistazo rápido sólo ves garabatos con formas abstractas, pero si te detienes a mirar la belleza de su trazado, verás que hay mucho más de lo que puedes ver a simple vista. Y esto mismo ocurre con la alimentación, pues si sólo te fijas en las etiquetas de “enriquecido en PROTEÍNAS“, “bajo en calorías“, y otras del estilo de PRODUCTOS ALIMENTARIOS, te perderás disfrutar con los sabores, texturas, colores, aromas de los ALIMENTOS sólo por ejercer de calculadora humana de NUTRIENTES.

Así que te invito a que disfrutes de una alimentación saludable, apetecible y respetuosa con el medio ambiente y te olvides de ese recuento diario.

 

¿Seguro que no te gusta la FRUTA?

La FRUTA es un manjar que nos regala la naturaleza; me gusta por su sabor dulce, las distintas texturas que presenta, sus atractivos colores y su gran variedad.

Me cuesta entender cómo muchas personas me dicen: “No me gusta la FRUTA, a lo que respondo sorprendida: “¿Ninguna?” 0_0

Entonces, mi curiosidad me supera y no puedo evitar comenzar la entrevista suavemente (sea quien sea la persona en cuestión, es decir, sea paciente o no); voy preguntando y preguntando mientras dicha persona (declarada “antiFRUTA“) me va exponiendo sus argumentos. Y al final, todos/as terminan diciendo: “A ver, alguna vez he comido FRUTA, pero no me gustó y dejé de tomarla“.

El problema no está en que dejes de comer algo porque no te guste, sino que no te des la oportunidad de probar OTRAS OPCIONES. De hecho, suelo decir: “No me creo que no te guste la FRUTA, seguramente no hayas probado suficiente variedad“.

Y hablando de variedad, aquí tienes un listado de FRUTAS:

  1. arándano
  2. cereza
  3. ciruela
  4. chirimoya
  5. coco
  6. frambuesa
  7. fresa
  8. kaki
  9. kiwi
  10. mandarina
  11. mango
  12. manzana
  13. melocotón
  14. melón
  15. naranja
  16. nectarina
  17. níspero
  18. papaya
  19. pera
  20. piña
  21. plátano
  22. pomelo
  23. sandía
  24. uva

Y ahora te vuelvo a preguntar: De entre 24 tipos, ¿Ninguna?; “¿Seguro que no te gusta la FRUTA?”  ;)

Puede que estés pensando: “¡Qué PESADOS/AS los/as Dietistas-Nutricionistas con la FRUTA!” Pero, si te fijas, en ningún momento he hablado de propiedades nutricionales, sino de la PALATABILIDAD de un grupo de alimentos, es decir, de la cualidad que tiene un alimento de ser grato al paladar, porque es muy importante que disfrutes de alimentos saludables para poder mantener un estado óptimo de salud a largo plazo y que comer no sea sólo “echar gasolina al cuerpo“, sino una experiencia continua de sabores, aromas, colores, texturas, etc ofrecidos por un grupo de alimentos, como en este caso la FRUTA, que además de su explosión sensorial, te aportan salud.

Y para disfrutar de la FRUTA en su mejor momento, es necesario que la consumas de temporada y de comercio local (si es posible). Aquí tienes un enlace para más información FRUTA DE TEMPORADA

Así que, a partir de ahora, tienes disponible la pregunta “¿He probado suficiente variedad de este alimento para decir que no me gusta?” para hacerte frente a cualquiera de los grupos de alimentos  (cereales, legumbres, FRUTAS, verduras, frutos secos, carne, pescado, huevo y lácteos) y así conocer realmente tus gustos alimentarios 🙂

No soy yo, es el VERANO

Es julio, los días son más largos, te mueres de calor y empiezas a ver por todas partes publicidad de helados, refrescos, bebidas alcohólicas, etc. La gente esta más relajada, las piscinas, las playas, los chiringuitos y terrazas están repletos. Y la música no para de sonar por todas partes para venderte ese “comer y beber social” que “te hará feliz”.

Seguramente, te guste disfrutar de tu tiempo de ocio con tu familia, tus amig@s, tu pareja, etc y no hay ningún problema en ello, pero si eso lo relacionas siempre con comer poco o nada saludable (fritos, helados, dulces, embutidos,…) y beber del mismo palo (zumos comerciales, refrescos y bebidas alcohólicas), siempre tendrás miedo al verano si quieres cuidar tu salud.

De esta manera, cada vez que llegue el verano y empieces a comentar la jugada con alguien, seguro que dirás: “No soy yo, es el verano“, dejando entender a la otra persona que es una situación en la que no se puede hacer nada.

Sin embargo, ¿es cierto que no puedes hacer nada más que resignarte a llevar malos hábitos siempre que te reúnas con tus seres queridos porque “es verano y eso es así“?

Veamos qué se puede hacer:

  • Si vas al super y ves una nevera más grande que el arca de Noe repleta de helados, no te lo lleves a tu casa y déjalo para un día que te apetezca por la calle.
  •  Si vas a quedar en la piscina con tus amig@s y pensabas llevar tinto de verano como siempre, pásate al agua fresquita que quita la sed y no te hincha como una pelota de playa. Y si para picar pensabas llevarte chuches, cámbialo por fruta, que refresca y sacia más.
  • Si vas a la playa con tu familia, evita llevar comida como si el mundo fuera a acabarse y piensa en un menú de un día en tu casa.
  • En las reuniones sociales también es posible llevar al gran repudiado: la fruta. Un alimento que comes todos los días en tu casa y que si hay más gente delante parece que es un delito. Yo sueño con el día que quede con mis amigas y alguna diga:      “¡illa, nos falta fruta!” (en Sevilla “illa” significa “chiquilla”), pero para eso aún queda 😦
  • No nos olvidemos de ese “Lo verde para los conejos“, siendo una ensalada el plato más fácil y rápido de preparar o cualquier aliño de verduras y hortalizas que se te ocurra que al igual que la fruta, en casa sí, pero fuera…
  • Y por último, el sedentarismo grupal. Las quedadas no siempre tienen que ser entorno a una comida/cena y las copas de después, también existen otras opciones como paseos en bici, rutas de senderismo, actividades acuáticas, etc.

En fin que eso  de “No soy yo, es el verano” ya sabes que tiene más de ESCUSA que de realidad. Así que si te apetece plantearte un verano más saludable y menos indigesto que los de siempre, dispones de opciones suficientes para conseguirlo. ¡Feliz verano! 😉

Mamás Prepacientes

Hoy voy a hablarte de las “MAMÁS PREPACIENTES“, yo las llamó así por su gran paciencia antes de dar a luz. Son las premamás de toda la vida, esas mujeres que por decisión propia o por un descuido llevan a una personita dentro que te presentarán en 9 meses.

Las premamás no sólo soportan el cambio hormonal, la ganancia de peso y volumen corporal, las estrías y otros aspectos estéticos que según el día pueden suponer una chorrada o un mundo, sino que además, tienen que soportar un sinfín de comentarios sobre ellas y su embarazo que se clasifican en 3 sectores principalmente:

1. Felicidad obligatoria

Por lo visto todas las mujeres deben estar super felices de ser futuras mamás, de sentir cada cambio físico en el que sienten su transformación a modo de “pokemon” como algo maravilloso o pensar en el parto como “la experiencia más bonita del mundo“.

Parece ser que todas llegado el momento del embarazo deben sentirse pletóricas por lo afortunada que serán cuando nazca su bebé, pero ¿qué pasa si no sientes nada de eso? ¿Eres una amargada que nadie debe mirar? ¿o simplemente eres una persona que no se ha tomado la noticia como se supone socialmente que debe hacerse? 

Entonces, me pregunto: ¿Y si dejamos a estas mujeres maravillosas que se expresen tal y como se sienten sin que tengan que soportar el juicio de los demás? ¿Y qué tal si las dejamos que vivan este proceso como les apetezca?

2.Comentarios sin filtro

Las premamás no sólo tiene que soportarse a ellas mismas (que no es poco), sino también los comentarios de su entorno. Y desde fuera, pienso que tiene que ser la peor parte, porque la gente comenta sin filtros, no por hacer daño ni mucho menos, de hecho suelen ser los seres queridos los que peor comentan, sino porque son gotitas que se van sumando y a veces el vaso termina rebosando. Y me refiero a comentarios del tipo:

“¡Qué gorda estás!“, “¡Vaya barriga más gorda tienes ya!“, “¡Cómo se te están poniendo las tetas!“,”¡Pues con la barriga que llevas ya te va a salir bien grande!

3.Alimentación

En alimentación, no nos quedamos detrás. Siempre tendrás a alguien que sin ser profesional de dicha especialidad te dará consejos sobre qué puedes o qué no puedes comer y en qué cantidades sin tener la más mínima formación en el sector.

Desafortunadamente, en Sanidad Pública l@s Dietistas-Nutricionistas seguimos escaseando y en la mayoría de las comunidades las mujeres embarazadas reciben información sobre qué tipo de alimentación deben llevar por matron@s  y en el menor de los casos, si la futura mamá estima oportuno acudir a un@ profesional de la nutrición (Dietista-Nutricionista) debe pagarlo de su bolsillo, porque como decía anteriormente para la Sanidad Pública somos “profesionales fantasmas“, es decir, estamos ahí pero ellos no nos ven.

En definitiva quiero decirte a ti que eres futur@ abuel@, tí@, herman@, prim@, pareja, amig@, vecin@, etc; a ti que sueles comentar sin filtro: “Sal de ese carril y dile lo maravillosa que es cada mañana; que entiendes que sea difícil por lo que está pasando, pero que a la mínima que necesite algo ahí estarás; que no se preocupe por sus cambios de humor, porque sólo serán unos meses; y que el resto somos afortunad@s por el bebé que nos presentará en unos meses, pero más aún lo será dicho bebé por venir de una mujer como ella“.

A ti, también, que no eres nada cariños@ te sugiero que le hagas sonreír y tus comentarios sean chistes para ella.

Y sobre todo, a ti, te recomiendo que dejes de aconsejar sobre algo de lo que no te has documentado, y la acompañes a un@ profesional cualificado.

Así que si en tu vida hay una “MAMÁ PREPACIENTE“, cuídala, hazle la vida lo más fácil que puedas, busca momentos para que se divierta y pon tu granito de arena para amenizarle esos 9 nueve meses tortuosos que le esperan.

 

Celebremos con AZÚCAR

Se suele decir mucho eso de “sólo es un día“, pero nunca es sólo uno. Cada año nos enfrentamos a las BBCs (Bodas, Bautizos y Comuniones), los cumpleaños, los aniversarios, la Navidad, la Semana Santa, etc y en todos estos eventos siempre ponemos en practica el mismo lema: “Celebremos con AZÚCAR“.

Te invito a que visualices las siguientes imágenes:

Tus cumpleaños, las bodas de tus tí@s, la comunión de tu prim@, las fiestas anuales; En todas estas celebraciones seguro que habrás visto AZÚCAR, AZÚCAR y más AZÚCAR. Sin embargo, te invito a que vuelvas a visualizar esas mismas situaciones cambiando el menú tradicional por otro más saludable, donde hay lácteos, pero tienen menos grasas; hay cereales, pero son integrales; hay dulces elaborados con frutas; y, en definitiva, hay alimentos de mayor calidad nutricional. Piensa unos segundos en ello.

¿Crees que no hubiese valido la pena celebrar sin los productos del menú tradicional? ¿o por el contrario, piensas que lo que menos te importó fue lo que comiste?

A veces pensamos que sólo podemos agradar a nuestros invitados agasajándolos con productos muy palatables, pero de muy poca calidad nutricional y se nos olvida que cuando celebramos algo lo más importante es que estemos rodeados de las personas que son importantes en nuestras vidas y si además, puedes ofrecerles un menú saludable y con muy buena pinta, estarás siendo mucho mejor afintrión/a que si ofreces productos basura, es decir, con muy buen sabor, pero con muy poca calidad.

Así que te invito a que te plantées si es mejor opción y, sobre todo, si es posible organizar este tipo de eventos sin el lema: “Celebremos con AZÚCAR” para además de brindarles tu CARIÑO a tus seres queridos, puedas ofrecerles SALUD en cada evento y no continuar regalando papeletas para que en un futuro sufran de Sobrepeso, Obesidad, Diabetes o Hipertensión, entre otras enfermedades cardiovasculares.

Y como dijo Mahatma Gandhi: “Debes ser el cambio que deseas ver en el mundo

 

 

Como quiero tomar MÁS FIBRA, me compro unas GALLETAS ricas en fibra y listo

Hoy te invito a que hagas una visita imaginaria, ¿estás preparado/a?, ¡Comenzamos!

Estas en el super, miles de productos y alimentos te rodean; una calle para los productos de limpieza, otra para los productos de higiene y cosmética; otra para los lácteos y derivados en refrigeración; para los zumos, para la fruta y verdura, para el pan, la carne o el pescado,…

Y llegas con tu lista o no de la compra; coges tu carro o cesta y comienzas a elegir los alimentos o productos deseados o necesarios. Además, recuerdas la conversación que tuviste el otro día con tu cuñado/a en la que te contó que él/ella tomaba mucha fibra porque le costaba ir al baño y tú, que tienes el mismo problema te decides a seguir sus pasos para resolverlo.

Entonces, haces el siguiente planteamiento: “Si para ir al baño necesito tomar más fibra pues, aumento su consumo y listo“. Y, como estás en el super, llegas a la calle de los “PRODUCTOS PARA…” y dices: “Como quiero tomar más FIBRA me compro estas GALLETAS ricas en fibra y listo“.

Sin embargo, ¿da igual si tomas fibra presente de forma NATURAL en ALIMENTOS que si procede de PRODUCTOS en los que se ha AÑADIDO?

La respuesta es rotundamente NO.

La INDUSTRIA ALIMENTARIA, se dedica a seguir nuestras necesidades:

-Si vamos a correr y no llevamos una botella de agua porque se nos resbala, se fabrican botellas más ergonómicas para que eso no ocurra y la sigas comprando.

-Si no llevas fruta en el bolso para que tu niño/a se la tome en el parque porque te da pereza llevarla cortada, se fabrican unos sobres que contienen un preparado para beber “con frutas” y así sigas comprando.

-Si trabajas fuera y no puedes comer en casa todos los días, se fabrican envases  para que puedas llevar la comida de tu casa al trabajo y así sigas comprando.

– Si conoces la importancia del consumo de FIBRA, pero pasas de tomar alimentos que la contengan  y estás dispuesto/a a pagar más por productos más palatables como GALLETAS, tortitas de arroz, etc, se comercializan productos ricos en fibra para que sigas comprando.

Dicha INDUSTRIA te ofrece comodidades sin tener en cuenta si mejoran tu salud o no, simplemente es marketing de venta y nada más, es decir, si un alimento o un producto genera ventas, se comercializa y si no, pues se busca otro que tenga más salida y lo que se esté vendiendo es indiferente.

¿Y por qué mi respuesta anteriormente, ha sido NO? ¿Será un capricho de una Dietista-Nutricionista cabezota? ¿O puede que los alimentos y los productos no nos aporten lo mismo?

En primer lugar, ningún/a profesional de la Nutrición fomentaría hábitos “por capricho“.

Y en segundo lugar, claro que NO nos aportan lo mismo:

ALIMENTOSricos en fibra” 

cereales integrales, legumbres, frutos secos, fruta y verdura

Te aportan: fibra presente de forma natural, grasas poliinsaturadas (ω-3/6)vitaminas, minerales y agua entre otros nutrientes. Y sobre todo, SACIEDAD.

PRODUCTOScon fibra añadida

galletas, tortitas de arroz, cereales del desayuno, barritas energéticas, yogures, leches

Te aportan: azúcares refinados, grasas saturadas, sal, fibra añadida.  Y necesitas mucha más cantidad para llegar a saciarte.

 

Por tanto, si quieres aumentar el consumo de FIBRA, ahora que conoces la diferencia entre los ALIMENTOS y los PRODUCTOS  que la contienen, dispones de criterio suficiente para elegir la fuente correcta. Así que ya no tienes escusas para elegir desacertadamente, otra cosa es que desde tu libertad te quedes con la opción menos saludable 😉

 

Si quieres PERDER PESO sólo tienes que ELIMINAR los HIDRATOS de tu dieta

Últimamente mucha gente me comenta que no toma Hidratos de carbono (“HIDRATOS”) porque según ellos/as ENGORDAN. Entonces, cuando les pregunto: “¿Y por qué no tomas HIDRATOS?”, siempre me responden: “Es que si los tomo no voy a PERDER PESO”.

El título de este post: “Si quieres PERDER PESO sólo tienes que ELIMINAR los HIDRATOS de tu dieta” es una creencia popular y es totalmente errónea.

El inicio de este bulo se dio en base a lo siguiente:

Nuestro organismo funciona a partir de 3 reservas energéticas

  1. Hidratos de carbono o carbohidratos
  2. Lípidos o grasas
  3. Proteínas

Y en ese orden se va disponiendo de su consumo, es decir, primero se consume la reserva de carbohidratos; a continuación de grasas; y por último, de proteínas. Por tanto, si no tenemos reserva de los primeros (carbohidratos), el consumo pasaría a las grasas. De ahí que se popularizaran este tipo de dietas: “Las Dietas Hiperproteicas“, las cuales se basan en eliminar o reducir al máximo el consumo de alimentos ricos en carbohidratos (pan, pasta, arroz y otros cereales, patatas o legumbres) y grasas [aceite, mantequilla/margarina, nata, ketchup, mayonesa, cualquier otro tipo de salsa y alimentos de alto contenido graso (carnes grasas, pescado azul, huevos (sólo la yema) o frutos secos)], y aumentar al máximo en consumo de alimentos ricos en proteínas [carne (principalmente aves), pescado (principalmente blanco), huevo (exclusivamente la clara) y leche (desnatada)].

¿ Y qué ocurre si terminamos con las reservas de grasas? Pues, al igual que en el paso anterior, se continuaría con la tercera reserva, es decir, si agotamos la reserva de grasas, se pasaría a consumir la reserva de proteínas.

Entones, me pregunto: “¿Se sabe por ahí qué efectos tiene en nuestro organismo que este utilice como reserva energética principal las proteínas?”

Cuando se da esta dinámica las consecuencias son las siguientes:

  • Debilidad muscular dando lugar a la rotura de las fibras musculares.
  • Cansancio o apatía debido al consumo escaso de carbohidratos.
  • Lesiones debido a no alcanzar los porcentajes mínimos de grasa corporal.
  • Mal aliento debido al consumo excesivo de proteínas que produce cetoacidósis metabólica.
  • Alteraciones superficiales: sequedad, debilitamiento y caída del cabello, aumento de vello facial o sequedad de la piel, entre otros.

Estas son algunas de las alteraciones producidas como consecuencia de este tipo de dietas. Sin embargo, no son los únicos aspectos a tratar.

Nuestro organismo está diseñado biológicamente para generar reservas energéticas, de manera que si consumes un nutriente en exceso, este se almacenará ¿Y sabes cómo? Pues, en forma de GRASA. Por tanto, si te EXCEDES en el consumo de PROTEÍNAS, las almacenas en forma de GRASAS. Esto ocurre porque nuestro organismo es capaz de metabolizar hasta una cantidad máxima al día de cada nutriente y si la superamos, lo almacenamos.

Entonces, para mejorar esta dinámica lo ÚNICO que puedes hacer es llevar una ALIMENTACIÓN EQUILIBRADA donde JAMÁS se elimine ningún alimento, sino que ser regule su cantidad y frecuencia de consumo. De esta manera, puedes lograr mantener un peso saludable acorde a TÚ CONSTITUCIÓN a lo largo de tu vida sin que genere alteraciones en tu organismo.

Por tanto, ¿No será más fácil llevar una alimentación donde se mantenga un equilibrio en la ingesta de nutrientes? ¿No será mejor opción dejar de jugar con tu salud por conseguir un físico de revista?

La respuesta sólo te la puedes dar tú. Sólo tú puedes decidir el valor que le das a tu bienestar físico y emocional. Lo que sí es cierto es que con este tipo de dietas sólo vas conseguir cambios en poco tiempo. De manera que pasado unos meses es muy probable que estés harto/a, no hayas conseguido tu objetivo además de perjudicar tu salud y retomes tu antiguos hábitos, por lo que recuperarás tu peso por triplicado en poco tiempo.  Así que siento decirte que NO HAY CAMBIO SIN ESFUERZO, pero si te pones a ello y lo consigues SERÁ PARA SIEMPRE.